miércoles, 13 de febrero de 2008

Algo de Cádiz


Un autobús de 93 céntimos condujo al centro de la ciudad donde una tarima pequeña se encontraba sin mucha introducción frente a una plaza. En ella Cádiz enamora a sus acompañantes con las mejores voces de flamenco que mecen el viento con estribillos originales. Un grupo de cantantes involucraron a la audiencia en su acto repitiendo:
“ole ole y ole y el que no diga ole que se le seque la hierba buena”
Las pequeñas calles condujeron a diferentes escenas nocturnas del carnaval. Una caravana de familiares vestidos de cajetillas de cigarrillos con niños vestidos de cigarros hacían ecos de tambores y pitos en las paredes coloniales del centro de la ciudad. Poco a poco el camino conduce a la plaza de España donde un sin numero de disfrazados se bebían las horas de la noche. La creatividad y la predictibilidad no fallan en una escena tan absurda y colorida. Una escuela de peces borrachos, enfermeros, doctores, varios jardines sevillanos, una lata de sopas campbells acompañada de cinco tomates, vacas, indios, elvises, romanos, monjas, ninja turtles y entre todo el tumulto, Waldo, encontrado por fin en el carnaval de Cádiz y no donde prometía estar, en los libros infantiles de “Where’s Waldo?” El portal de una iglesia acoge de manera bizarra infinidad de disfrazados felices y ebrios cuyas pisadas tambaleaban en botellas de tinto de verano barato y cristales de vacías botellas de licor. Las pequeñas vías que alejaban de la plaza siguieron revelando sorpresas a lo largo de la noche. Otro grupo de flamenquistas esta vez en el medio de la calle, paralizaron a todos los que por accidente transitaban cerca.
“Dentro del ataúd, así me colocaron, y del tirón noté que peaso cabeza tiene el gusano”
El grupo llamado "sus muerto el úrtimo" se componía de varios disfrazados de muertos con gusanos pegados al cuerpo. En su mayoría natales de Cádiz, permanecieron varios minutos para platicar con su fanaticada accidental. Hablaron de las calles de Cádiz con orgullo y endulzaron el aire con su acento andaluz. Poco a poco la noche se desaparecía y las seis de la mañana para muchos era demasiado aguantar. Sin autobuses cerca muchos invadían las calles con ansias de encontrar un taxi. El miedo de una multa impide a los taxistas recoger disfrazados realengos y les obligaba a asistir a las paradas. El día termina para muchos casi al amanecer.

0 comentarios: