viernes, 9 de mayo de 2008

Beso.

-confuso-
Mientras se acercaban, la intensidad de los torbellinos interiores producían un terremoto y emitían un compuesto que le pesaba al aire. Estaban encerrados en una nube húmeda que los acercó hasta unirlos por la boca. Se encontraron para culminar con una larga y ardua búsqueda, luego de haber muerto de sed en docenas y docenas de bocas equivocadas y promiscuas en búsquedas confundidas de pasatiempos breves de cortejo hormonal. Unificados, amantes, redundados y perpetuados. Sus torbellinos internos escaparon al momento que se fusionaron y convertidos en un monstruo natural inmenso, destruyeron todo a su alrededor en un musical silencio. Se llevó consigo el tiempo, el cuerpo, las neuronas, el color, sus nombres, la humanidad. Al desaparecerlo todo el torbellino desvanece. Atados por la lengua, ninguno escoge separarse. El fino vértice del momento se sostiene por la tranquilidad de pertenecer a otro. Confundidas y por vías salivares, las neuronas reemergen de un viaje ajeno a la raíz propia. Al regresar, estas deciden cuando se acaba y antes de separar los entes del momento, dibujan una imagen falsa del antiguo entorno. A la misma vez el torbellino reemerge, regresa todo a su lugar y se divide de nuevo en dos para despertar a los amantes.

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