Estrella. Estuviste ahí cuando nació, para asegurarte que todas tus instrucciones se cumpliesen. Reíste y lloraste silenciosa, velándola una semana corrida para que las enfermeras la trataran con cuidado. La arropaste en sábanas de pollos amarillos y se la entregaste a sus progenitores. Visitabas bien de vez en cuando y en manos de tu sangre, pasados unos años, doblabas trenzas y escogías su ropa. A los años se te unió una que compartió tu labor en vida. Vigilantes siempre, gozando de la unión de dos alas... Pasadas las décadas, sintiendo algo de falta, reintrodujeron a otra que comparte su cariño. Con ella envejecen, cosen linajes y se beben juntas los programas televisivos para la tercera edad.
Ahora con ella, en las mañanas calladas donde ambas son extrajeras le acompañas en el café y juntas comen galletas marca María. Ayudaste a que sea y con tu fuerza sanguinaria le pintas tu bandera invertida en su esencia para que nunca la niegue, para que nunca se le escape.
martes, 27 de mayo de 2008
A Bué. La Jose-fa
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