martes, 10 de marzo de 2009

Ejercicio para ti

Te perseguí por horas y con hambre, hasta más no poder. Mientras corría, eventualmente olvidé que lo hacía, y a esa alta velocidad observaba patrones de olores, de movimientos, de sensaciones... y nunca te perdí el rastro. Supe que te podía alcanzar, pero esta agonía pesada me motivaba, y me enamoraron los colores veloces del bosque.
Nunca me había sentido tan animal. Desde que decidí perseguirte, me latió la cien, se me hincharon los nudillos y mi piel se sentía liviana.
Cuando te tuve al lado, nunca me dio hambre, lo siento. Tu olor solo lo percibo de lejos. Solo me da hambre cuando te persigo.

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