Te perseguí por horas y con hambre, hasta más no poder. Mientras corría, eventualmente olvidé que lo hacía, y a esa alta velocidad observaba patrones de olores, de movimientos, de sensaciones... y nunca te perdí el rastro. Supe que te podía alcanzar, pero esta agonía pesada me motivaba, y me enamoraron los colores veloces del bosque.
Nunca me había sentido tan animal. Desde que decidí perseguirte, me latió la cien, se me hincharon los nudillos y mi piel se sentía liviana.
Cuando te tuve al lado, nunca me dio hambre, lo siento. Tu olor solo lo percibo de lejos. Solo me da hambre cuando te persigo.
martes, 10 de marzo de 2009
Ejercicio para ti
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