Entrego la pluma y boto el papel. Me resigno a vivir, y a escribir tambien. Me visto de tacones y traje largo. Me fumo medio cigarrillo que dejaste cuando te fuiste a bañar. No te amo más, tu barba azúl me desespera. Veo la nevera vacía, sin mi nota, cojo mi cartera y me fugo en tu motora. No se usar bien el cloche, me caigo en el medio de la 66. Me recoje una guagua escolar, con un principe demacrado, asqueroso llamado Pablo. Le doy pena y me promete el mundo. Le doy las gracias, y le pido que me deje en la casa de Ana Laura. Me deja por el Yunque y ya no me huele la ciudad. El oxigeno me duerme en las cunetas y me trae de nuevo la felicidad.
lunes, 9 de marzo de 2009
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