Se llamaba Felipe Humberto Benedicto Saúl Inclán. Había nacido en una época bonita, mimado como buen primogénito de pelo dorado. Llevaba el nombre de su padre, el de un cura, el de un santo y un segundo nombre con peso. Su niñéz de película, con carruseles y carritos, disfrases de vaquero elegantes, muchos perros y una yegua propia, duró poco. Al salir, extrañado, perdía mucho sin saberlo. Le huía a todo en los brazos de mamá y le huía a mamá cuando le quería lavar las orejas. Muy temprano en la vida su familia sanguínea se redujo a una persona. Por dignidad y quizás por necesidad, en todos lados y por todas partes recreaba familias, algunas extensas, algunas distantes, algunas breves, algunas sin razón... muchas se perdieron, pocas duraron.
Y durante algún enrredo de esos, nací yo. Su familia sanguínea se duplicó. Seremos pocos por un rato, con corazónes rotos incorrumptibles. Intento emularles hasta el final y por casualidad también he encontrado algunos paralelismos. Tuve niñez de película, de pelo dorado, con botines por montones, disfrases de muñeca, muñecas de trapo, osos pandas y muchos perros.
La vida sigue, las familias se han reducido. Muchos se van sin despedirse, a otros se nos vuelve imposible quererles igual. Al final, vivimos por pocos y por ellos vale la pena vivir. Nuestra sangre es una, pesa y la tenemos 4... le he prestado un poquito a unos pocos que he podido querer casi tan perfetamente como me enseño mi tio favorito, Felipe Humberto Benedicto Saúl Inclán.
martes, 28 de julio de 2009
EJCTLG
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1 comentarios:
lovely
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