Me abriste los pulmones.
Me halaste el pelo.
Me mordiste las muñecas.
Me levantaste de un largo sueño.
Te acurrucaste en la penumbra de mi cerebro.
Te comiste el lápiz que me temblaba en la mano.
Te vestiste de rojo y me acompañaste a jugar.
Te perdiste en el destino de la perfección desperfecta.
Y me hiciste pensar en una vida hueca.
Ahora bien, con un traje de marfil espero el mundo con ansias y sin espejo. Me escondo segura detrás de mi. Y corro sin parar hasta que se pare el tiempo.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
Diablo
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