Soñé que la noche era mía... Observé con cuidado e inhalé la probabilidad. Sentí el calor agrio que me acompañaba a dar los primeros pasos. Le huí al sobrio descontento, al malhumor de la hierba mala. Me escondí de todo lo que no fuese para mí y me ahogué violentamente con miedo. Viví en carreteras oscuras con nombres de búhos verdes. Amé sin cesar, sin pesares, sin problemas. La felicidad volaba por ahí y el sentimiento estaba vuelto loco. Mientras tanto, el reloj se derretía. Nunca llegará el día.
domingo, 7 de diciembre de 2008
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